
A lo largo de mi vida de casado, siempre evité semejante expresión: mi-suegra. No. Siempre me referí de ella como "la mamá de mi esposa" (al diablo, que se la siga quedando como su pariente, yo no la meto a mi familia). Desde dos años antes de mi Divorcio, dejé de hablarle y poner un pie en su casa. Ni la Navidad provocaba esas reconciliaciones de plástico que en marzo ya se olvida y de nueva cuenta mandas al carajo al reconciliado.
Llevo 5 años felizmente divorciado y no sé, ni me importa, lo que piense de mí, si es que me dedica algo de su maquiavélico cerebro sobre mi persona. Mientras más lejos la tuve, mejoró mi salud mental. Me importa nada si me odia o me rememora, reconoce algo de mí o me manda por el viento un insulto.
(Esta entrada se debe a el comentario expresado en el blog que señalo en mi columna de "cerebros" y precisamente denominé "suegra", verdaderamente causa catarsis. Si quieres desahogarte por las conductas de semejante ser, visítalo y expresa las frustraciones que te causa la s-u-e-g-r-a) Císcala, císcala, diablo panzón.
Posdata: La imagen que adorna (sic) el texto, no es de mi ex-pariente por afinidad, es tomada de internet (Uy, qué bueno)
3 comentarios:
Las suegras son el castigo del matrimonio.
LP,
buen punto del desaforado eh?
Bien, pues a mi suegra siempre le dije "Señora". Es una señora en toda la extensión de la palabra. Tengo razones para admirarla, aunque esas razones distaban mucho del amor que ella profesaba (sic) por mi.
Bueno como mi madre murió, diria que tengo una ventaja competitiva como dicen los mercadólogos, asi que le ahorrare muchos dolores de cabeza al que se meta conmigo jajajaja....
Aunque dire que algunas suegras son buenas. Pero a la distancia
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