En este proceso del destierro te alejo de mis bosques, de mis caminos mostrados. Quiero distancias, espinas, bardas, niebla, alambre.
Ya no hay adjetivos ni elocuencias que quieran mostrarse para tí. No tengo odio, no creo tenerlo, pero aún así mi cortesía ha sido adoptada por la indiferencia.
Aunque tu camines, aunque hables, a pesar de todo lo que vivas: eres para mí la interfecta. El diccionario me apoya: "dícese de quien murió violentamente". Es la única forma de arrancarte de mí. De quitar todo lo que habías invadido. De que pierdas particularidad.
Te entierro con distancia, con apatías. Me declaro en este momento un ignoto de tí, el extranjero que no quería aceptar como destino.