lunes, 5 de mayo de 2008

SANDIA INSPIRADORA

En el blog de mi amiga Dulce (mismo que recomiendo siempre: dulcemiespacio.blogspot.com) escribió esta inspiradora entrada sobre las sandías:
"Siempre me han gustado las sandías.
Alegría y exaltación de los sentidos. Su color, su textura, su olor fresco, su sabor dulzón que se desbarata al contacto con la boca. Me evocan inevitablemente una sensualidad desbordante, como su jugo cuando escapa entre los labios.
En el comedor de la casa, tengo una litografía con unas sandías pintadas por no sé quien. Cuando viene a la casa Luis Pedro, un amigo, se mofa de ellas diciendo que parecen limones exprimidos. Sí, lo sé, pero defiendo mi cuadrito diciendo que es netamente surrealista. No es una pintura de Kahlo o Tamayo, pero son suaves y provocativas sandías, que muestran orgullosas redondeces y con su intimidad expuesta a un espectador anhelante.
La sandía, carne roja que invita a ser devorada, palpada, mancillada y recordada..."
Al realizarle un comentario sobre su tema, de plano me dieron ganas de presentarlo todo en una entrada, tanto el texto de Dulce (líneas arriba) como el comentario que le hizo este servidor que aparece a continuación. Te agradezco Dulce por haberme provocado estas palabras:
"Además, tan frágil que es la carne de la sandía, se vencía fácilmente ¿quién no jugaba con su rebanada y le hundía un dedo? Con el pulgar y el índice jugabas con su consistencia, te chorreabas las manos y la boca con el jugo, querías hacerle como las caricaturas a la ametralladora con las semillas.
Un contraste fascinante al recordar la dureza de la cáscara: tan amarga, tan gorda, tan pulida al exterior que se te podía resbalar, tan sólida que se resiste al cuchillo y al final la recompensa: la pulpa que sangra su agua, te calma la sed, te invade en las muelas su azúcar, apenas y la masticas porque se deshace. Si haces agua de sandía, te la quieres terminar para tí sólo, monopolizas su frialdad, acaparas la frescura, no quieres comer porque te atrapa el dulce de la fruta, su esencia, su alma complaciente.
Y no queda rastro luego, sólo la cáscara derrotada, blanquecina, con pocos signos escarlatas, como huesos, como escudos fallidos, su verdor está vivo pero inútil, su penitencia es tocar el suelo, jugar a una cuna que ya no sirve, a una hamaca incómoda, a sufrir el acoso de las hormigas.
Las semillas esparcidas como soldados muertos, estorbando con su presencia el placer que te dejó la fruta, sólo se resignan a juntarse con los demás desperdicios. Semillas que se van opacando, semillas que les tocó ser trozadas en una mordida, despedazadas por un pisotón, a pesar de todo siguen juntas como hermanas, desterradas del jugoso vientre, se van con sus deseos de crecer en nueva sandía, a romper con los destinos de la naturaleza de generar más vida, a esconderse involuntariamente entre la basura, que el cosmos se apiade de ellas y los demás restos orgánicos que hace pocos minutos participaron en esta sinfonía del placer vegetal, danzando en la boca, evitando los dientes, viendo pasar un cuchillo."

2 comentarios:

dulce dijo...

"la hora de los guayabazos..." jejeje.

Me encantó lo de monopolizar la frialdad y la hamaca incomoda.

Rossana Vanadía dijo...

Una amiga mía la define como "fruta generosa" pura pulpa, tanto color. Me encantan también las sandías, su olor y soporto también el vientre inflado luego de comerlas. Tanta sed, tanto calor.

dibujo de maitena

dibujo de maitena

MEXICO EN LAS OLIMPIADAS

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LAS TORRES GEMELAS (se puede ampliar a pantalla completa)