lunes, 4 de julio de 2011

Mi padre es un árbol encorvado,
lento como los sauces,
un ahuehuete apesadumbrado
que le cansan muchas cosas.

Un buen día despertaba
y ya no quería hacer muchas cosas;
tiraba el interés sin que nos diéramos cuenta,
lo tiraba al mismo tiempo que se le caían las energías.

A pesar de querer seguir viviendo
su cuerpo de vegetal endurecido nos dice otras cosas:
ya no me den de comer éso...
apaguen esa tele que me aturde...
no me vengan con esos remedios...
no saben lo que siento...
esos médicos son unos pendejos...

Su cuerpo nos da avisos tremendos
de que ya no es la maquinaria de reloj de hace treinta años
de hace diez años
de ayer;
que comer ya se vuelve un lujo
que caminar es un privilegio
que se despide y no se lo permitimos.

Te rodeamos satelitalmente
nos cargamos de una angustia que a nadie sirve,
porque ya eres de otra madera:
de la que no sabemos aliviar,
de la que cruje y todos temblamos
de la traicionera porque estabas bien
y ahora no sabemos,
de la que provoca las horas pesadas
(¿cuántas quedarán?)

Estamos espectantes a una respuesta
que no se sabe quién la traerá
¿la de Dios,
de la medicina,
de la naturaleza,
del rezo,
del tratamiento planeado,
de lo súbito,
del teléfono que siempre trae la misma
pregunta del "cómo está"?

Seguir así
sin fechas precisas,
sin momentos precisos,
hablando con desgano
sólo esperando
viéndolo
dejándolo en la cama con su corteza
con lo que tiene adentro

dibujo de maitena

dibujo de maitena

MEXICO EN LAS OLIMPIADAS

QUE CADA QUIEN SAQUE SUS CONCLUSIONES (se puede ampliar a pantalla completa)

LAS TORRES GEMELAS (se puede ampliar a pantalla completa)