No sabes lo que pasa,
todo lo que intento
por evitar el deseo
de caminar por tus labios.
No sabes
cuánta sangre le saco
a mis manos
y a mi garganta,
para evitar estar
a un ápice de tus ojos de ónix.
No sabes
que no me sirve de nada
echar distancia
o tiempo,
porque ese mismo
esfuerzo de alejamiento
lo desbarato al instante...
No sabes
que quiero volver a andar,
en los intentos de acechamiento
y de nueva cuenta
repetir esa represión,
sentirme flagelado
por la frustración,
rehacer el ciclo
del rondar y alejarme.
No sabes
(maldita sea, no lo sabes)
que mis devaneos para saber de tí,
rayan lo estúpido
y este orgullo que impide
que mi rodilla toque el suelo,
para hacerte saber
que me rindo,
que me tienes invadido,
que te entrego mi voluntad,
(la simplicidad de la entrega)
que quiero volverme de tu propiedad.
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