Antes de que sea renovada la Santa Iglesia, Dios permitirá que la silla pontifical quede vacante y que el emperador de Alemania, en discordia con la Santa Sede, imponga un pontífice. Luego, arrancadas ya las espinas de los hombres malos, aparecerá un hombre santo que restablecerá la paz entre aquel y la iglesia.
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