Me atrapas
siempre que me miran
tus ojos tan macizos.
Esa mirada
tan llena de obsidiana
que me corta
y me horada.
Esos ojos tan tuyos
y rematan tus facciones.
Esos ojos tan de tí
tan fáciles de hallar.
Tus ojos que me pisan
y me llenan de su negra luz,
me levantan del suelo,
me aplastan los ojos.
Tus ojos de eclipse
que me intimidan
los cuales - gracias a Dios -,
casi no parpadean,
porque es como interrumpir
el rito de llegar
al fondo de tu universo.
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